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CORAL
POLIFÓNICA
GIJONESA
Recortes de Prensa |
La Nueva España - 29 de Julio de 2007 |
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Texto: Lara Díaz
Una sola carta, pero la apuesta salió bien. Santa Clara tuvo clemencia y el voluble verano gijonés deparó una apacible noche para acoger un espectáculo operístico sin precedentes. La «Tosca» de Puccini, envuelta en el marco escénico del patio de la Universidad Laboral, congregó a 2.700 personas –aforo completo– en respuesta a una hábil combinación que conjugó espectacularidad, buen elenco vocal y una página de referencia. La puesta en escena fue el gran atractivo de este segundo título de la temporada «Antonio Medio»; se hizo uso de una arquitectura privilegiada que reúne citas históricas recuperadas del Helenismo, la antigua Roma y el Renacimiento y Barroco italianos. El templo de la Laboral evocó la iglesia de Sant Andrea della Valle, el palacio Farnese y el castillo Sant Angelo sin más ayuda que algunos elementos de atrezo y una espléndida iluminación, firmada por Rafael Mojas. El trabajo técnico tiñó la fachada en un juego de colores que funcionó a modo de leitmotiv, asociando cada tono al carácter del personaje en escena. Si las luces azuladas recibían a Angelotti y Cavaradossi, Tosca se asoció a tintes pasionales, y Scarpia, al fúnebre morado. Entre los momentos más originales destacó la escena de tortura del segundo acto, sugerida mediante un silueteado sobre tonos rojizos en uno de los ventanales y el foco que ascendió suavemente hasta la cruz, para caer al final del drama. El gran desafío de hacer llegar el sonido de forma equilibrada a todas las localidades del inmenso patio se solventó con eficacia. Las voces principales se percibieron en general con nitidez en todo su espectro de matices. Lástima el fallo de sonido sobre las últimas notas de la heroína. La Tosca de Tatiana Anisimova derrochó temperamento, en una caracterización vehemente y pasional cuyo peso dramático supo mantener a lo largo de toda la página. La soprano ucraniana mostró una interpretación expresiva y de línea verista, con parlatos muy teatrales y un «Vissi d’arte» efectista que cosechó una de las dos ovaciones de la velada. La otra fue para el aria «Recondita armonia», en la voz de un Eduardo Villa recio y maduro que supo dar el justo tinte heroico a su personaje. Silencio en cambio para «E lucevan le stelle». Anoosa Golesorkhi fue un Scarpia cruel e irónico. Su papel es un filón dramático que el barítono supo aprovechar con una voz oscura y potente y con gran dominio del parlato. El resto del elenco cumplió junto al coro, donde ofrecieron un buen papel los niños del conjunto infantil de la Polifónica «Anselmo Solar». Su aportación estuvo llena de frescura y el «Te Deum» resultó, en su conjunto. En el adulto se sumaron voces del coro de la Opera Classica Europa», el Coro de la OSGI y un refuerzo norteamericano con una sorprendente homogeneidad que se percibió en la cantata interna. Al frente de la orquesta de Plovdiv, Mariano Rivas trató de ofrecer una lectura intensa y contrastada, con claridad de texturas, aunque la respuesta del conjunto adoleció de ciertas irregularidades. La organización tuvo en la calurosa respuesta del público un significativo baremo para calibrar la posibilidad de dar a este tipo de espectáculo un carácter de continuidad. |