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CORAL
POLIFÓNICA
GIJONESA
Recortes de Prensa |
El Comercio - 11 de Octubre de 2003 |
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Texto: I.C.F.
Foto: J.Díaz
El desarrollo de la representación fue 'in crescendo', en lo que se refiere a calidad vocal, entrega y calidad interpretativa, hasta culminar con un remate modélico. La ópera en sí no es ni de relumbrón ni popular en su arraigo, pero contiene cuadros, que bien interpretados, como lo han sido, se puede apreciar una gran calidad de composición y resultado. Se desarrolla en los sanguinarios tiempos del siglo XVI en la Inglaterra de la Reina 'Virgen', sucesora de su padre Enrique VIII. Como gijonés uno puede estar orgulloso de haber contado con la participación, por primera vez, de la Coral Polifónica 'Anselmo Solar', la cual nos brindó, en su estreno como masa operística, una actuación impecable, en disciplina, calidad, compostura a pesar de la bisoñez en estas lides, musicalidad y conjunción. Ha iniciado una andadura verdaderamente estelar. La obra tiene, vocalmente, cuatro pilares fundamentales en los solistas: soprano, mezzosoprano, tenor y barítono. El primero de ellos, por la intensidad y escabrosidad de su cometido corresponde a la soprano, en esta ocasión Ana María Sánchez, la cual supo resolver con eficaz entrega y la calidad y belleza de su registro central la ardua partitura a ella encomendada. Autoridad, fuerza, entrega arrolladora y bien cantar son sus esenciales virtudes. Sin llegar a su altura, sin llegar a redondear su calificación de mezo, pues los resultados vocales la encuadran más bien en soprano dramática, Elisabetta Fiorillo, un tanto desdibujada inicialmente fue, con el paso de la representación, al igual que la tónica general, como se describió, no solamente centrándose, sino aportando la calidad musical, técnica y vocal en ella esperadas, para rematar con un dúo pleno de armonía y compenetración con el tenor, muy aplaudidos. El tenor Stefano Secco, desigual en el inicio y con una voz con tal deficiencia, fue superándose, llegando a alcanzar caracteres estelares ya en el citado dúo del segundo acto y ejecutar una escena final a su intervención con un cuadro subyugante en calidad y técnica, tanto vocal como expresivamente. Irregular, con voz desigual, irregular emisión y falta de altura, ostensible, tuvo que alcanzar su postrer intervención para dar medida de su capacidad. Tal parece que los intérpretes estelares se reservaron, en conjunto, para afrontar una parte final auténticamente plena de eficacia, técnica y meritoria calidad general. La orquesta Sinfónica Ciudad de Oviedo, bien llevada por el maestro Roberto Tolomelli, y con eficacia general, no alcanzó, en cuanto a calidad de sonido se refiere, la altura estelar que suele poner en evidencia su congénere de Asturias, aunque supo resolver su esencial cometido. En lo que respecta a dirección de escena y escenografía, nada aportaron de nuevo, dado su ceñimiento a la más estricta sencillez y desnudez decorativa. La dirección coral estuvo impecable. |