CORAL POLIFÓNICA GIJONESA
Recortes de Prensa
El Comercio - 25 de Marzo de 2003

La paz de Alfonso II

Texto: I.G.
Foto: M.R.

En la Catedral se volvieron a escuchar voces ayer, pero esta vez fueron celestiales. El concierto en memoria del Rey Alfonso II el Casto consiguió, un año más, un lleno absoluto. Tanto la nave central como las laterales, en las que se habían habilitado sillas, fueron poco a poco ocupadas por cientos de ciudadanos.

El pasado jueves, 20 de marzo, el primero de los actos conmemorativos, el responso y misa solemne, fue suspendido después de que cientos de jóvenes invadieran el templo, exigiendo que las campanas sonaran en nombre de la paz.

El temor a que estos hechos pudieran repetirse no se concretó. No sólo no hubo altercados, sino que, finalmente, el concierto pudo celebrarse en la Catedral. Hasta hace cuatro días, y debido a una falta de acuerdo entre el Ayuntamiento y el cabildo, el recital iba a celebrarse en el teatro Campoamor. La paz reinó en el templo y, también, entre ambas instituciones, y el concierto sonó, más que nunca, a música angelical.

Cien voces de los coros Alfonso II El Casto y la Coral Polifónica de Gijón ocuparon sus puestos ante el altar con 20 minutos de retraso. Detrás, lo hicieron la Orquesta Superior del Conservatorio de Oviedo y los cuatro solistas que bajo la batuta de Joaquín Valdeón interpretaron el 'Stabat Mater' de Dvorak.

Los carraspeos iniciales se fueron apagando con los primeros acordes de la orquesta, que se ajusaron a la perfección a la acústica de las naves catedralicias. Valdeón dirige a los dos coros, pero ha sido necesario un largo mes de ensayos para conseguir interpretar esta obra. La afinación y el empaste entre orquesta y coros, y de éstos con los solistas es fundamental. El tenor Julio Fernández; el bajo David Menéndez, ambos asturianos; la soprano Beatriz Díaz y la contralto Marina Pardo acomodaron sus voces a la perfección.

El esfuerzo realizado por todos los intérpretes mereció la pena. El público que abarrotaba la iglesia correspondió con un silencio absoluto y un gran aplauso final.

Personas jóvenes, muchos estudiantes de canto, aficionados a la lírica, simples curiosos y aquellos que no han faltado a ninguno de los conciertos celebrados en la Catedral desde hace doce años permanecieron absortos durante todo el recital.

«La Catedral tiene algo especial. Nunca podrá compararse un concierto celebrado en el Auditorio o el Campoamor con la emoción que se siente aquí». Así resumía una de las asistentes una noche de emociones muy distintas a las vividas hace unos días.


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