|
CORAL
POLIFÓNICA
GIJONESA
Recortes de Prensa |
La Nueva España - 6 de Noviembre de 2002 |
|
Texto: Cuca Alonso
Y el teatro Jovellanos en el palacio de aquella corte de los Hadsburgo, donde florecieron las dimensiones del arte. Todo por obra y milagro de la música. La Coral Polifónica Gijonesa, acompañada de la Orquesta Sinfónica de la Ópera de Donetsk ponía en escena un programa sensacional: Haëndel y Mozart en la primera parte, y Puccini, en la segunda, con su «Misa de Gloria». Excelente entrada, casi rozando el lleno y también magnífica disposición por parte del público; es un matiz que se palpa de inmediato, en el respeto, el interés, incluso la quietud. Tampoco podía ser de otra manera, cuando el espectáculo fue de los que invitan a arrodillarse; no es ninguna exageración si tenemos en cuenta que todas las composiciones eran sacras. Salieron a escena los efectivos, orquesta, coro... Muchas novedades en la formación polifónica, sobre todo en lo que afecta a la juventud femenina. Treinta y seis voces blancas, treinta masculinas. El jovencísimo director, apenas treinta y un años, Víctor Lemko, eficiente y apasionado, alzó la batuta y poco a poco la noche fue abriéndose hacia los confines de Europa, orillas del río Salzach o Danubio, y también el Dnieper, para que Víctor Lemko no se sienta discriminado. Sobre los rigurosos compases de «Zadok the priest», surgió el coro, sobrecogedor de musicalidad y hermosura. ¡Cómo han trabajado!, era preciso pensar, y qué extraordinaria mano los dirige, Luis Gutiérrez Arias. Perfectos de empaste, de colorido, de riqueza de matices... El «Kyrie» de Mozart fue una desmesura. Las cosas, pensamos, no pueden quedarse en eso, en esporádicas actuaciones de alas recortadas. Para empezar, Gijón en pleno tiene que saber de qué categoría es su primera coral. Se nos ocurren conciertos dominicales en la plaza Mayor, al alcance de los adictos y de los viandantes, a ver si éstos son capaces de pasar de largo. Luego, si hubiera justicia en este mundo, la Polifónica debería actuar en televisión, en el cine, ante los auditorios más célebres. Y el Ayuntamiento o el Principado subvencionarla al cien por cien, eso sí que sería exhibir Asturias de la mejor manera, en clave de arte, como el Bolsoi, que lleva sus méritos por el orbe, y olvidarnos de momento de esas tristezas balompédicas que para colmo desarman los erarios. Es injusto que un grupo coral de esta categoría se encierre en un auditorio de provincias. Señora alcaldesa, dos puntos... Estábamos en el «Kyrie»... ¡Qué belleza los «pianíssimos» de las sopranos! «Veni Sancte Spiritus»... Lo invocaron con tanta fe y hermosura, que vino a iluminar sus gargantas. Ardía de comentarios el vestíbulo del Jovellanos en el descanso. La segunda parte configuró nuevas sorpresas; la Polifónica se había reforzado la «Misa de Gloria» lo requería con cantores del Coro Universitario y de «Capilla Antiqua», cuadros que dirigen Joaquín Valdeón y Carlos José Martínez; este último incluso prestó su propia voz, hermosa lección de compañerismo. Ochenta artistas en escena para interpretar a Puccini. La orquesta se acopló muy bien al coro, y éste a los músicos; simple cuestión de profesionalidad. «Kyrie», «Gloria»... Una fiesta memorable, en efecto gloriosa, rematada espléndidamente por el bajo Celestino Varela y el tenor Alejandro Roy. Éste dotado de voz preciosa de timbre, segura en toda la escala, ¡cómo se agradece esa seguridad!, que nos permite disfrutarla plenamente. Anoche, Alejandro Roy, gijonés para más gozo, cantó como los ángeles, en justa correspondencia al sensacional espectáculo; en Salzburgo no hay mejores. |