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CORAL
POLIFÓNICA
GIJONESA
Recortes de Prensa |
La Nueva España - 3 de Julio de 2002 |
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Texto: José Mari Echevarría
El pasado viernes 28, la Polifónica Gijonesa ofreció un concierto vespertino en la iglesia de San Pedro promovido por la Asociación de Amigos de dicha parroquia mayor y como acontecimiento preparatorio de la fiesta patronal. Cuando un coro canta «a capella» se somete él mismo a «la prueba del algodón», ya que el único soporte, en estos casos, es la capacidad sonora e interpretativa de las propias voces, sin soportes orquestales o pianísticos que, a veces, hacen de colchón o paliativo para las voces. Pero antes de entrar en pormenores acerca de la interpretación de las obras, hay que hacer referencia a algunos aspectos de protocolo sobre el programa de mano. Se echaron de menos en él tres cosas: una breve introducción justificativa de dicho programa; las fechas de referencia sobre nacimiento y muerte de cada autor y, por último, una barrita separadora entre las obras religiosas y las profanas. Quizá sean disculpables estas ausencias por tratarse de nuestra querida y siempre ponderada masa coral, que «jugaba en casa», pero no dejan de ser aspectos que contribuyen a una mejor información y situación para el público asistente. No se le puede negar a esta agrupación, en términos generales, una sonoridad aceptable, un fraseo cuidado y unas dinámicas y tempos justos, pero se pudieron evidenciar ciertas deficiencias vocales al dividir en bloques al conjunto. Las obras a triple y doble coro resultaron carentes, por un lado, de homogeneidad y redondez sonora en cada bloque y, por otra parte, se advirtió una interpretación bastante plana de las mismas al no hacerse presentes, en ningún momento, ni los contrastes de masa ni los «efectos eco» tan característicos de este tipo de polifonía multicoral. Por otra parte, en ciertos pasajes de la obra de Schütz, se notó cierta dificultad de técnica emisiva en la realización de las vocalizaciones rápidas. El «Ave María» de Bruckner fue resuelta con finura de matices y perfectamente afinada. Es, sin duda, el tipo de obra y el estilo de música que mejor solventa este conjunto vocal. El «Ave verum» de Gounod, obra fácil por su estructura vertical, pero difícil por la plasticidad y delicadeza tanto de su armonía como de su dinámica, también alcanzó buen punto interpretativo. Sin embargo, en el «Super flumina», del mismo autor francés, la sección imitativa resultó brusca y con un forte sobrepasado que obligó a las sopranos a un agudo desabrido y sin la afinación precisa. Al entrar ya en la parte de música coral profana o civil del programa, sin solución de continuidad, el estilo musical cambió de registro a partir del «Morito Pititón» de Lancien, aunque el maestro Gutiérrez Arias situó, estratégicamente, en dicho programa una obra puente entre ambos estilos, el delicado madrigal «Ojos claros, serenos» del poeta sevillano Gutierre de Cetina y música de E. Grau. Sin embargo, a esta pieza le faltó, en lo musical, precisamente, la delicadeza que destila el poema. En resumen, un concierto interesante y válido para «calentar motores» en la víspera de la fiesta del patrón, con escasa música asturiana sólo una bella obra de Pedro Braña y una Polifónica Gijonesa sumando retos y siempre con ansias de superación. |