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CORAL
POLIFÓNICA
GIJONESA
Recortes de Prensa |
El Comercio - 10 de Junio de 2002 |
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Texto: Ramón G. Avello
Intérpretes: Orquesta Sinfónica del Conservatorio de Gijón y Coral
Polifónica Gijonesa.
La Orquesta del Conservatorio de Gijón cumple una función pedagógica encomiable. Pero junto a esta finalidad educativa, la orquesta también es una realidad artística, capaz no solo de agradar y de hacernos disfrutar, sino también de conmover y emocionar. Con un programa difícil, dedicado íntegramente a Beethoven, de quien este año se cumple el 175 aniversario de su muerte, y con la colaboración de la Polifónica Gijonesa, la orquesta y los cantantes dirigidos por Luis Gutiérrez Arias lograron provocar, especialmente en la Fantasía para piano, coros y orquesta, ese arrebato de entusiasmo, de emoción y de progresiva alegría en un concierto feliz. La Fantasía es una obra que tiene una estructura formal muy original. Arranca como una fantasía intimista y al mismo tiempo apasionada para piano sólo. En el desarrollo, la orquesta y el piano dialogan en un discurso que se va animando gradualmente hasta que la alegría, siguiendo esa idea de progresivo entusiasmo, estalla con un cántico que habla del amor y la fuerza unidos entre sí. Obra de tiempos muy fluidos y oscilantes, muy bien llevados por el director; de un rico y variado color orquestal, con pasajes deliciosos como los encomendados a la flauta y a los oboes en terceras, y un sentido concertante entre solista, orquesta y coro, bien trabado por el pianista Roberto Méndez. La Polifónica, en las intervenciones por cuerdas individuales, por ejemplo en la primera exposición vocal del tema, alcanzó esa transparencia vocal cristalina. En las sonoridades masivas del final, las voces se unen con contundencia, perfectamente empastadas, potentes y rotundas, cualidades asequibles solo a los coros de un nivel excepcional, como la Polifónica. Del resto del programa, destaquemos la limpieza y el lirismo con el que la joven violinista María Díaz-Caneja interpretó la Romanza en fa, el equilibrio conseguido en la Música para un ballet caballeresco y la belleza coral de la Cantata Op. 122, con pasajes de una densidad expresiva cercana a la Novena. Indudablemente la orquesta tuvo algún momento de vacilación, fácilmente subsanable, como la algo atropellada transición entre las dos secciones de esta cantata y, por otra parte, la dinámica en sonoridades suaves se podría pulir un poco más. Pero por encima de estos momentos menos conseguidos, incluso por encima de su función pedagógica, está esa capacidad de transmitir emoción y vida, que es sin duda su mayor fuerza musical. |