CORAL POLIFÓNICA GIJONESA
Recortes de Prensa
La Nueva España - 25 de Abril de 1999

¡Perfecto, hijos...!

Texto: Cuca Alonso

Dentro del conjunto de actos con que la Coral Polifónica está conmemorando las bodas de oro de su fundación, tuvo lugar, sobre el escenario del teatro Jovellanos, un extraordinario concierto en el que intervino la totalidad de sus componentes. El público llenó el aforo y ellos correspondieron a la expectación regalándonos una inolvidable velada llena de instantes, unos entrañables y otros sublimes.

Concierto Teatro Jovellanos: Homenaje Antiguos Componentes

En estas oportunidades en las que el fervor popular se siente hervir, me gusta escuchar, sin que sus protagonistas lo adviertan, comentarios suscitados por el propio espectáculo, como un medio de extender o variar propias opiniones. Curiosamente en tres ocasiones, oí la siguiente frase: «Es un coro perfecto». Me quedé con unas enormes ganas de preguntar a su mentores, ¿a qué equivale el casi?, o ¿qué creen que les falta para hablar de perfección en términos absolutos? Aunque la respuesta me la di yo misma, achacándola a la timidez humana o el miedo a los grandes pronunciamientos. Aquí, el que más y el que menos es lego en asuntos de sutileza musical, y ante el riesgo del patinazo se recurre a nadar entre medias aguas; comprensible el caso y el casi. Pero una, que a estas alturas de la película sabe que mojarse es garantía de cruzar el río, allá va, ¡perfecto, hijos! Dios os pague la velada que nos ofrecisteis.

Schubert firmaba las dos primeras partituras en su puro estilo poético, en que los versos se repiten a través de la fuente musical. La Polifónica, de la mano de su director, Luis Gutiérrez Arias, bordó ese planear melódico que llega a convertirse en la brisa que llena de belleza sus espacios. Brahms completó la primera parte del concierto. Una selección de sus canciones amorosas, Lieterlieder, escritas para cuatro voces y acompañadas de piano, también a cuatro manos, y al fondo un cadencioso ritmo de vals. Aquel entrelazado que crearon las melodías del coro con el piano tuvo momentos de una belleza tan redonda como perfecta, sin casi. La Polifónica actual goza de una flexibilidad que es admirable, nada envara sus interpretaciones. Personalmente creo que una razón para éste, diríamos engrasamiento, se apoya en la ajustada compensación de sus cuerdas, no en número, sino en calidad. Un mérito más para su responsable, Luis Gutiérrez Arias, un músico enorme dentro de una anatomía discreta, bohemia...

La segunda parte tenía el listón muy alto por su antecedente. «Negra sombra» hizo lucirse a los bajos en aquel abanico de negrura. El «Madrigal» creo que deberían integrarlo en el capítulo de las nanas; su final fue espléndido. Tres canciones asturianas se remataron con el «Rondó de la Jeringosa» que tanto gusta al público, sólo que... Brahms estuvo allí. El director me había advertido: «Cien en escena, Cuca». Sí, se sumaron los «ex polifónicos», qué ocasión, pensé, para atacar el «Requiem» de Verdi, o «Carmina Burana» de Orff. «No sé por qué Luis no los rescata», pensé al escuchar aquella multitud sinfónica pronunciando sus acordes con total empaste.

«No llores, ne» completó el programa, con Celestino Cano de solista. Los aplausos forzaron las repeticiones, «Como la flor», tan delicadamente interpretada como el aire que la lleva. ¿Hablábamos de Verdi. Apareció «Nabucco» y el «Va pensiero ... » y el teatro entero se balanceó en ese barco magistral, mientras a don Giuseppe le caía la baba al decir, «así quiero yo que se cante, muchachos». Pocas veces se habrá escuchado una matización tan perfecta.

El presidente de la Polifónica, Pedro Níembro, subió al escenario para imponer insignias de oro a Leontina Valdés y a Celestino Cano por sus veinticinco años ininterrumpidos de integración en la coral. La enhorabuena no es exclusiva: todos nos felicitamos. Creo que pondréis Manhattan boca abajo, chicos.


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