CORAL POLIFÓNICA GIJONESA
Recortes de Prensa
La Nueva España - 5 de Abril de 1998

La Polifónica rompe la barrera

Texto: Cuca Alonso
Foto: Isaac Rubio


Casualmente, en las últimas semanas varias personas me habían preguntado qué pasa con la Coral Polifónica Gijonesa, que no se la escucha ni apenas se la comenta. Desde los conciertos navideños, mutis, cayó sobre ella el silencio, y mis inquisidores esperaban que una servidora, por sus repetidos alardes de admiración y amistad, asidua e incondicional adicta, tuviera noticia de las causas de su larga reserva. Calientan motores, les dije, para romper la barrera del sonido.
Y ayer, en vísperas de Semana Santa, Viernes de Dolores, la coral apareció y cantó en la iglesia de San Pedro. Antes de entrar en algunos pormenores de su bellísima actuación, he de comentar méritos adyacentes que no mantienen proporción con las respuestas sociales o institucionales. El esfuerzo y entrega de sus componentes, puros aficionados cuyas profesiones no les impiden alargar sus horas laborales en ensayos que duran hasta bien entrada la noche, sin recibir a cambio más incentivo que el de los aplausos; el entusiasmo y ambición de su director, Luis Gutiérrez Arias, un hombre menudo en el que se alberga un enorme talento musical; el desprendimiento de sus rectores, dedicados a organizar un grupo de trabajo que sólo por su número equivale a una empresa. Y los resultados de todo ello es esto: una formación coral de extraordinaria categoría que orna y honra a Gijón. Pues bien, ¿ creen ustedes, que desde la Consejería al Ayuntamiento, de lo popular a lo técnico, se desmelena alguien? ¿ Que se la protege, cuida, promociona o financia en su correspondiente nivel? La Polifónica es como la playa; está ahí, viviendo sus mareas a despecho del clima o de los fervores, y casi siempre han de venir los de fuera a decirnos lo guapa que es, el milagro de su integración urbana o de su sublime musicalidad.
Recinto casi lleno, y sobre el papel un programa religioso de rango internacional: Verdi, Monteverdi, Kodaly, Prieto, Pachelbel... Las condiciones acústicas de San Pedro o son buenísimas o es que la Polifónica cantó como nunca, aunque sabemos que la maravilla que extendieron sobre todos nosotros acariciaba las piedras y éstas la devolvían. Extraordinario el "Eli, Eli..." de Bardos, elaborado sobre un difícil contraste de voces. El el "Stabat Mater" pusieron tanto fervor y armonía... "Aquí tenéis que morir cantando", suele decirles el director, y nosotros casi lloramos su duelo. El padre Prieto y su "Sepulto Domino", que arranca impresionante, como la mar que habíamos dejado afuera, un cabalgar de olas, cabalgar de voces en la luz del atardecer. Nunca había escuchado el "Domine non secundum", la composición que nos hizo estremecer al imaginar a los ángeles negociando fichajes y sepulturas con los demonios. Estupenda Itciar Pereda en su solo de Poulenc.
Al final, el "Magnificat" de Pachelbel. Se separaron, como las aguas del Nilo para hacer dos coros, y seguimos, me sigo muriendo por el Barroco, su ritmo y coloraturas. Tal parecían una orquesta sinfónica, con violines colgados de las voces de Sandra Cotarelo, Conchita Palomino y Marta Iglesias. Tantos aplausos propiciaron una repetición, el "Ave María" de Bruckner. Fue cuando la Virgen de Covadonga de Rubio Camín tembló bajo la piedra.

Semana Santa 98


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